Gamarra es el emporio comercial que viste a medio país, cómo era posible que no tuviese sus propios modelos para lucir la infinidad de trajes que todos los días se inventan en sus talleres. Es por eso que existen ya agencias de modelos exclusiva para los gamarrinos y con los que quiere demostrar que ahí sí hay calidad.
Lentes de cámaras fotográficas y filmadoras apuntándolos, las y los modelos desfilan al compás de la música electrónica más popular y los bocinazos de micros y combis del jirón Huánuco, hasta que le tocó el turno a Rodrigo Quiroz, quien caminó los más de diez metros de la pasarela con un polito amarillo y al llegar al extremo giró el mentón hacia el Parque Cánepa. ¡Aaaaauuuuuuu! se escuchó desde la sudorosa muchedumbre de vendedores ambulantes que festejó con risas y palmadas.
El rosado rostro de Rodrigo –el más claro de todo el grupo– no enrojeció porque un día antes me había confesado que él sabe que tiene lo suyo, aunque no se considera un metrosexual. Con esas mismas ganas de ser modelo, la tierna Leydi Pérez, con solo 14 años, también desfiló tratando de imitar a su admirada Angie Jibaja, y Manilia Pérez lo intentaba hacer como Viviana Rivas Plata, a quien siempre ve en televisión. Las prendas tampoco son de diseñadores extranjeros, porque en Gamarra la moda la quieren imponer Yol Fashion y Jeans Roy.
Las modelos conocidas nunca querían venir a desfiles en Gamarra cada vez que se les solicitaba, las no conocidas tampoco. "Ni siquiera esas que no están en la palestra aceptaban; bueno, sus razones tendrían", revisando catálogos de Saga y Ripley, se preguntó por qué no se podía hacer lo mismo en la fábrica más grande de confecciones de América del Sur.
Las agencias tiene una idea central: nada de rubiecitas ni chicas de ojos azules porque la intención es juntar a muchachos y chicas del color de piel de la mayoría de peruanos. "Y si aceptamos a un blanquiñosito es con la condición que tenga raíces peruanas y solo con ojos verdes como máximo. El tema es que se identifiquen con el tipo peruano", aclara el representante de una de las agencias.
Con las agencias se pretende cortar en dos la historia de la venta de ropa en Gamarra, aunque convencer con ese proyecto a veteranos comerciantes de la zona acostumbrados a vender solo con maniquíes fue más difícil que ensartar un hilo en una aguja con los ojos vendados. Pero la consigna era competir con los grandes almacenes en estos tiempos modernos. Siguiendo esa misma línea, también se pretende publicar un catálogo donde los muchachos y chicas de lucirán los mejores diseños de este centro comercial para ofrecerlos a las más de 100 mil personas que todos los días circulan por sus calles.
Las chicas no tienen miedo ni se acomplejan cuando dicen que son las modelos de Gamarra. Uno viene desde su cómoda casa de Las Lomas de La Molina hasta el corazón de La Victoria para aprender a caminar por las pasarelas. Otros se animaron a probarse en este mundo de los trajes después de ver el aviso en un diario y siempre llegan de San Borja para empezar en el modelaje desde abajo, y porque quieren relacionarse con todo tipo de persona como lo manda su religión cristiana-evangélica. Giuliana Navarro, de 19 años, tiene apenas dos semanas en esta agencia, pero ya cuenta con antecedentes en actividades similares: ha sido anfitriona para Backus y la marca de ropa Cyclone. ¿Teléfono? Está prohibida de darlo, "eso lo tienes que hablar con mi manager", corta al toque.
La encargada de manejar el grupo, confiesa que hace unos meses tuvo la idea de la agencia Gamarra. Desde entonces empezó a contactar chicos de su barrio y amigos de sus hermanos a través del chat. "Era por el poder económico que hay en la zona. Ahora contamos con treinta chicos que han llegado por contactos y avisos en los diarios. Ninguno mostró prejuicios en venir acá porque son conscientes de que vamos a apoyar el producto peruano", señala.
Por eso en esta agencia se trata de hacer las cosas bien. En primer lugar el casting. Cada postulante tuvo que demostrar que por lo menos sabía pararse frente a una cámara. El paso siguiente era enseñarles a modelar. Para esa labor contrataron a una profesional. Es que llegan chicas como Julisa Vargas, que es anfitriona en una discoteca barranquina y fanática de Fashion TV, Leydi Pérez, quien a sus 14 años jura que conocerá el éxito en este mundo, o Sara Alva, que ha llevado cursos en alguna academia. También hay algunas que se enteraron porque siempre venían a comprar y vieron los avisos pegados en los postes de la zona.
Cuando un muchacho de San Miguel, vio el aviso, dijo que eso era para él. Además en su casa le decían que debería probar. Para reafirmarlo, se vio en el espejo, se puso sus lentes oscuros y confió en que su metro 84 centímetros eran suficientes argumentos. Ya tiene algunos desfiles en Gamarra y dice que más de una chica le ha querido dar sombra con el argumento de que los bombones se derriten bajo el sol. Sin embargo, un regordete y resinoso vendedor de medias lo observó con desprecio en pleno jirón Gamarra. Dijo que mejor estaba él y se dio media vuelta desinflándose por la boca.
Sueldos no tan tops
Muchos ceros separan el sueldo de una supermodelo y el de una "Gamarra girl". Ya se sabe que Naomi Campbell puede ganar, por un desfile, hasta 500,000 dólares. Y qué decir de Kate Moss, quien antes de su episodio con la cocaína desechaba contratos con menos de cinco ceros. Acá, por un desfile –dependiendo de quién lo organice– las modelos de pasarela ganan entre 50 y 150 dólares. Por una sesión para catálogo, unos 200- 400. "En el Perú no hay el mercado de otros países, como Argentina".En uno realizado en Buenos Aires, el pago promedio es de 250 dólares, salvo el caso de la internacional Valeria Maza, que puede recibir unos 30 mil por día. ¿Y cómo empiezan nuestras modelitos de Gamarra? "Con humildes 20 a 35 dólares", pero asegura que esas cifras mejorarán.
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El rosado rostro de Rodrigo –el más claro de todo el grupo– no enrojeció porque un día antes me había confesado que él sabe que tiene lo suyo, aunque no se considera un metrosexual. Con esas mismas ganas de ser modelo, la tierna Leydi Pérez, con solo 14 años, también desfiló tratando de imitar a su admirada Angie Jibaja, y Manilia Pérez lo intentaba hacer como Viviana Rivas Plata, a quien siempre ve en televisión. Las prendas tampoco son de diseñadores extranjeros, porque en Gamarra la moda la quieren imponer Yol Fashion y Jeans Roy.
Las modelos conocidas nunca querían venir a desfiles en Gamarra cada vez que se les solicitaba, las no conocidas tampoco. "Ni siquiera esas que no están en la palestra aceptaban; bueno, sus razones tendrían", revisando catálogos de Saga y Ripley, se preguntó por qué no se podía hacer lo mismo en la fábrica más grande de confecciones de América del Sur.
Las agencias tiene una idea central: nada de rubiecitas ni chicas de ojos azules porque la intención es juntar a muchachos y chicas del color de piel de la mayoría de peruanos. "Y si aceptamos a un blanquiñosito es con la condición que tenga raíces peruanas y solo con ojos verdes como máximo. El tema es que se identifiquen con el tipo peruano", aclara el representante de una de las agencias.
Con las agencias se pretende cortar en dos la historia de la venta de ropa en Gamarra, aunque convencer con ese proyecto a veteranos comerciantes de la zona acostumbrados a vender solo con maniquíes fue más difícil que ensartar un hilo en una aguja con los ojos vendados. Pero la consigna era competir con los grandes almacenes en estos tiempos modernos. Siguiendo esa misma línea, también se pretende publicar un catálogo donde los muchachos y chicas de lucirán los mejores diseños de este centro comercial para ofrecerlos a las más de 100 mil personas que todos los días circulan por sus calles.
Las chicas no tienen miedo ni se acomplejan cuando dicen que son las modelos de Gamarra. Uno viene desde su cómoda casa de Las Lomas de La Molina hasta el corazón de La Victoria para aprender a caminar por las pasarelas. Otros se animaron a probarse en este mundo de los trajes después de ver el aviso en un diario y siempre llegan de San Borja para empezar en el modelaje desde abajo, y porque quieren relacionarse con todo tipo de persona como lo manda su religión cristiana-evangélica. Giuliana Navarro, de 19 años, tiene apenas dos semanas en esta agencia, pero ya cuenta con antecedentes en actividades similares: ha sido anfitriona para Backus y la marca de ropa Cyclone. ¿Teléfono? Está prohibida de darlo, "eso lo tienes que hablar con mi manager", corta al toque.
La encargada de manejar el grupo, confiesa que hace unos meses tuvo la idea de la agencia Gamarra. Desde entonces empezó a contactar chicos de su barrio y amigos de sus hermanos a través del chat. "Era por el poder económico que hay en la zona. Ahora contamos con treinta chicos que han llegado por contactos y avisos en los diarios. Ninguno mostró prejuicios en venir acá porque son conscientes de que vamos a apoyar el producto peruano", señala.
Por eso en esta agencia se trata de hacer las cosas bien. En primer lugar el casting. Cada postulante tuvo que demostrar que por lo menos sabía pararse frente a una cámara. El paso siguiente era enseñarles a modelar. Para esa labor contrataron a una profesional. Es que llegan chicas como Julisa Vargas, que es anfitriona en una discoteca barranquina y fanática de Fashion TV, Leydi Pérez, quien a sus 14 años jura que conocerá el éxito en este mundo, o Sara Alva, que ha llevado cursos en alguna academia. También hay algunas que se enteraron porque siempre venían a comprar y vieron los avisos pegados en los postes de la zona.
Cuando un muchacho de San Miguel, vio el aviso, dijo que eso era para él. Además en su casa le decían que debería probar. Para reafirmarlo, se vio en el espejo, se puso sus lentes oscuros y confió en que su metro 84 centímetros eran suficientes argumentos. Ya tiene algunos desfiles en Gamarra y dice que más de una chica le ha querido dar sombra con el argumento de que los bombones se derriten bajo el sol. Sin embargo, un regordete y resinoso vendedor de medias lo observó con desprecio en pleno jirón Gamarra. Dijo que mejor estaba él y se dio media vuelta desinflándose por la boca.
Sueldos no tan tops
Muchos ceros separan el sueldo de una supermodelo y el de una "Gamarra girl". Ya se sabe que Naomi Campbell puede ganar, por un desfile, hasta 500,000 dólares. Y qué decir de Kate Moss, quien antes de su episodio con la cocaína desechaba contratos con menos de cinco ceros. Acá, por un desfile –dependiendo de quién lo organice– las modelos de pasarela ganan entre 50 y 150 dólares. Por una sesión para catálogo, unos 200- 400. "En el Perú no hay el mercado de otros países, como Argentina".En uno realizado en Buenos Aires, el pago promedio es de 250 dólares, salvo el caso de la internacional Valeria Maza, que puede recibir unos 30 mil por día. ¿Y cómo empiezan nuestras modelitos de Gamarra? "Con humildes 20 a 35 dólares", pero asegura que esas cifras mejorarán.
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