Lima Norte, según cifras de Arellano Márketing, es la que destina el mayor porcentaje de sus ingresos a la educación, más que los miraflorinos, más que los chalacos o que sus vecinos del Rímac. Sus emprendedores parecen haber entendido que si bien el esfuerzo los ha llevado ya a una situación emergente, la siguiente generación necesita mucho más para seguir avanzando. ¿El resultado? Hoy no es solo el Megaplaza el que ve una oportunidad de negocio, sino los cientos de colegios particulares que se han instalado en la zona, independientemente o en cadenas, lo que ha generado una oferta que va desde casas acondicionadas improvisadamente hasta grandes infraestructuras o instituciones que aseguran un perfecto inglés a niños de 10 años.
Los gemelos Paz han hecho todo juntos: comenzaron a dar clases particulares a los 15, ingresaron a Ingeniería en la Católica y se hicieron profesores preuniversitarios. Fundaron la academia Pamer en la Av. Arenales en 1987 y se cambiaron a la Facultad de Administración para poder dirigir mejor el negocio. Cuando en el 2000 tenían ya nueve academias, encontraron un nuevo nicho de mercado: sus clientes, los alumnos, estaban descontentos con sus colegios porque su base estudiantil era muy vaga como para ingresar a la universidad, así es que comenzaron a convertir los locales en colegios. En el 2002 ingresan a Los Olivos y la acogida fue impresionante. "En el cono norte nos nutrimos de los alumnos de pequeños colegios particulares que no daban un buen servicio", explica Jorge Paz.
Hoy tienen más de 2.000 alumnos en Santa Beatriz, San Miguel, San Isidro, Jesús María y Faucett y pagan hasta S/.35 por hora a sus profesores. Tienen su propia editorial e impresora para elaborar un paquete anual de libros, que venden en S/.400, y hasta su propio software educativo. Aseguran que el éxito obtenido en Los Olivos será replicado en los siguientes dos años en San Juan de Lurigancho y Comas, donde cobrarán menos de los S/.270 mensuales de pensión actual. "Pensamos ir a los estratos C y D y abrir más colegios", agrega Paz. Actualmente realizan un proyecto piloto en Ayacucho para 'franquiciar' la marca y entrar a provincias.
La Organización Trilce sigue siendo sin fines de lucro, al contrario de la mayoría de colegios, que ya son empresas. Todo lo que gana lo tiene que reinvertir y de ese modo no paga impuestos.
"Si no hubiéramos abierto colegios, ahora estaríamos taxeando", dice Juan Carlos Noli, director general de la organización, que tiene hoy 16 colegios en Lima y 6 en provincias, unos 18.000 alumnos y 1.000 docentes.
Trilce comenzó con 16 profesores de la academia César Vallejo (de allí el nombre Trilce) que pusieron su propia academia y continuaron con los colegios de pura casualidad cuando uno de sus locales en Miraflores quedó libre y probaron suerte. Su primera matrícula tuvo 600 alumnos, así que ampliaron la oferta y decidieron entrar al cono norte. Poco después --cuando la marca ya estaba posicionada-- ingresaron a provincias, donde era común encontrarse con varios colegios que ya tenían su nombre.
Actualmente y tras una inversión de US$ 1 millón, Trilce construye un local de 10.000 m2 en Los Olivos y otros dos similares en Chorrillos y la Av. Salaverry. El próximo año harán otro en Comas y seguirán cambiando casas alquiladas por colegios construidos hasta llegar, en cuatro años, a su meta final: la Universidad Trilce.
Estos tres empresarios vivían más cerca de Miraflores y Monterrico que de Lima norte, pero no dejaban de mirarla. El furor del Megaplaza los llevó hasta la zona y decidieron invertir.
Hicieron su estudio de mercado y elaboraron por tres años su propuesta educativa. "La oferta que existía era de colegios preuniversitarios, pero no enfocados en el desarrollo humano", explica Jorge Ysuski, uno de los socios y el gerente del colegio San Felipe Neri.
Construyeron un local con patios iluminados y aulas equipadas. Abrieron en el 2006 y tuvieron 130 alumnos, pero el 'boca a boca' ha hecho que este año se matriculen más de 330 niños.
Invirtieron US$600.000 para el primer local y abonarán otro tanto para un segundo colegio también en Los Olivos, y una cifra similar para entrar al cono este, todo en el 2008. Su proyección es tener 20 colegios de hasta 500 alumnos en zonas emergentes de Lima al 2010.
"Esta es una apuesta a largo plazo. Nosotros hablaremos de rentabilidad recién en cuatro o cinco años, hasta entonces, todo será inversión. Creemos que esto va a funcionar porque los padres están dispuestos a pagar los S/.210 mensuales por una educación bilingüe, del mismo nivel que cualquier colegio privado de Surco", agrega Yzuski.
El padre y el abuelo de Constanza Briceño eran maestros allá en Chacas, Áncash. Ella "cómo no", también lo es. Hace 25 años, cansada de ejercer el magisterio en el sector público, se juntó con otros 14 profesores para comprar un terreno en Los Olivos. No había todavía casas en la zona, pero ellos pagaron --de sus bolsillos-- US$22.000. El proyecto se llamaba Baden Powell, por el fundador de los Boy Scouts, y comenzó a funcionar con una sola planta en 1988. Fue creciendo a paso lento pero seguro, y a pesar de que la recesión golpeó los bolsillos de los padres de familia, el impacto para el colegio no se sintió hasta el 2003, cuando la cadena de colegios preuniversitarios Trilce instaló un local a tres cuadras.
Preocupada, Constanza --ya directora del plantel-- le comentó a su hijo, un leonciopradino, economista de la PUCP que trabaja en la banca londindense, que temía los efectos de la competencia. Tras un estudio del potencial que ofrecía el negocio --por la diferenciación en cuanto al nivel educativo-- el Baden Powell fue convertido en un holding que tiene hoy, además, una empresa inmobiliaria. El hijo, accionista mayoritario del holding, hizo un aumento de capital de S/.420.000 para construir otro local y equipar el plantel. Las cuentas en el 2006 pasaron de rojo a azul y las estimaciones de los socios apuntan a una facturación de S/.2 millones en el 2008 --con los mismos S/.180 mensuales que cobran hoy--, triplicar el alumnado en cuatro años y la cotización de sus acciones en la Bolsa de Valores para el 2012.
"Tú eres un fabricante de deudas", le dice su mujer, pero él no piensa dejar sus colegios. Hace 23 años que Miguel Ángel Palomino vive en Comas. Era administrador de una academia preuniversitaria cuando, 15 años atrás, sus hijas llegaron de clases a quejarse porque les enseñaban lo mismo que el año anterior. Así decidió hacer su propio colegio. "No fue fácil, tuve que salirme de mi casa en El Álamo para poder usarla como colegio", explica Palomino.
El colegio San Ignacio de El Álamo comenzó a crecer y buscaron un segundo local. Los bancos se rieron de él cuando pidió un préstamo para comprarlo, así que lo tuvo que alquilar y construir con los ladrillos que la ferretería vecina le daba a crédito.
Su labor de organizador de competencias interescolares en las academias para las que trabajaba paralelamente le sirvió de trabajo de campo para conocer lo que buscaban los padres de familia, y fue así como optó por cultivar su mejor gancho publicitario: los primeros puestos en las universidades.
Con 11 locales, Palomino tiene hoy dos clases con los alumnos más brillantes a los que prepara sin cobrarles los S/.180 de mensualidad, para que luego ingresen en los primeros puestos.
Si bien no pierde dinero, ha tenido que usar sus locales como escuelas para adultos para que el negocio sea rentable, y aún no puede contar con locales propios y de mejor infraestructura, por eso busca socios que puedan reflotarlos.
Desde un punto de vista sociológico un análisis clásico basado en una escala de necesidades muestra lo que está pasando en Lima norte, a diferencia de otras zonas: En un primer nivel están las necesidades básicas como alimentación, salud o vestido, que fue lo primero que aseguraron los pobladores de Lima norte; en un segundo nivel se encuentra la seguridad, cuyo elemento central es la vivienda y es precisamente a los ladrillos a donde ha estado destinado el ingreso de la zona en los últimos 20 años; y hoy, cuando ya terminaron de construir, pasan al tercer elemento: la integración social, cuya vía más directa es la educación. El producto de esto va a reflejarse precisamente en la integración del Cono norte con el resto de Lima y en el paso al cuarto nivel, basado en la búsqueda de respeto y autoridad, cuyo camino natural es la instalación de universidades de primer nivel en la zona.
Desde un análisis de negocio, se puede hablar de una evolución diferente. Según el educador Hugo Díaz, a comienzos de los 90 los padres llevaban a sus hijos a colegios particulares cercanos a sus centros de trabajo, fuera del cono norte. Sin embargo, con la Ley de Incentivos de Educación Particular, dada por Fujimori, y con la sobreoferta de maestros, comenzó la moda de convertir sala y comedor en salones de enseñanza, el colegio es visto como PYME, y hasta los dueños de hostales se animan a poner colegios. Así, la calidad dejaba mucho que desear. Era el 2000 y las academias preuniversitarias, que tras un período de furor veían cómo el examen de ingreso se volvía cada vez menos exigente y el alumnado disminuía, decidieron probar suerte con los colegios. La acogida de los colegios preuniversitarios fue instantánea en Lince, Jesús María o Santa Beatriz, por lo que pronto Trilce, Pamer o Saco Oliveros cambiaban el cartel de academia por el de colegio y buscaban nuevos horizontes.
Pero su llegada a Lima norte fue en calidad de prueba, alquilando casas y acondicionándolas como colegios, pues nada les aseguraba que los distritos emergentes tuvieran la capacidad y la constancia para mantener un alumnado que hiciera el negocio rentable.
Sin embargo, Lima norte parece haber pasado el examen, puesto que cadenas, como Trilce o Pamer, ya están invirtiendo en grandes infraestructuras. No solo eso, nuevas empresas educativas, con propuestas de alta calidad, prefieren comenzar por el cono norte y los colegios tradicionales del lugar se han visto obligados a ponerse a la altura. Incluso el Nido Casuarinas, propio del segmento A, ha abierto ya su local en Los Olivos.
El seguidor natural de esta tendencia, según coinciden Arellano y Díaz, es el cono sur; los distritos de San Juan de Miraflores y Villa el Salvador.
Y aunque siguen existiendo los colegios mal acondicionados, los que alquilan las carpetas para el día de la inspección y enseñan dos veces lo mismo, y los que están en medio de un hostal y una peluquería, al menos ya existe en Lima norte una oferta --a un precio razonable, en su propio distrito y con sus propios vecinos-- de una buena educación, que con el tiempo eliminará los cercos imaginarios --y los reales-- que dividen Lima.
El Consejo Nacional de Educación y el Instituto Peruano de Pedagogía, además de los expertos consultados critican que los colegios preuniversitarios, al priorizar las matemáticas o el razonamiento verbal para el examen de ingreso, eliminan la formación integral y hasta cursos, como educación física, religión, tutoría o ciencias sociales.
Los gemelos Paz han hecho todo juntos: comenzaron a dar clases particulares a los 15, ingresaron a Ingeniería en la Católica y se hicieron profesores preuniversitarios. Fundaron la academia Pamer en la Av. Arenales en 1987 y se cambiaron a la Facultad de Administración para poder dirigir mejor el negocio. Cuando en el 2000 tenían ya nueve academias, encontraron un nuevo nicho de mercado: sus clientes, los alumnos, estaban descontentos con sus colegios porque su base estudiantil era muy vaga como para ingresar a la universidad, así es que comenzaron a convertir los locales en colegios. En el 2002 ingresan a Los Olivos y la acogida fue impresionante. "En el cono norte nos nutrimos de los alumnos de pequeños colegios particulares que no daban un buen servicio", explica Jorge Paz.
Hoy tienen más de 2.000 alumnos en Santa Beatriz, San Miguel, San Isidro, Jesús María y Faucett y pagan hasta S/.35 por hora a sus profesores. Tienen su propia editorial e impresora para elaborar un paquete anual de libros, que venden en S/.400, y hasta su propio software educativo. Aseguran que el éxito obtenido en Los Olivos será replicado en los siguientes dos años en San Juan de Lurigancho y Comas, donde cobrarán menos de los S/.270 mensuales de pensión actual. "Pensamos ir a los estratos C y D y abrir más colegios", agrega Paz. Actualmente realizan un proyecto piloto en Ayacucho para 'franquiciar' la marca y entrar a provincias.
La Organización Trilce sigue siendo sin fines de lucro, al contrario de la mayoría de colegios, que ya son empresas. Todo lo que gana lo tiene que reinvertir y de ese modo no paga impuestos.
"Si no hubiéramos abierto colegios, ahora estaríamos taxeando", dice Juan Carlos Noli, director general de la organización, que tiene hoy 16 colegios en Lima y 6 en provincias, unos 18.000 alumnos y 1.000 docentes.
Trilce comenzó con 16 profesores de la academia César Vallejo (de allí el nombre Trilce) que pusieron su propia academia y continuaron con los colegios de pura casualidad cuando uno de sus locales en Miraflores quedó libre y probaron suerte. Su primera matrícula tuvo 600 alumnos, así que ampliaron la oferta y decidieron entrar al cono norte. Poco después --cuando la marca ya estaba posicionada-- ingresaron a provincias, donde era común encontrarse con varios colegios que ya tenían su nombre.
Actualmente y tras una inversión de US$ 1 millón, Trilce construye un local de 10.000 m2 en Los Olivos y otros dos similares en Chorrillos y la Av. Salaverry. El próximo año harán otro en Comas y seguirán cambiando casas alquiladas por colegios construidos hasta llegar, en cuatro años, a su meta final: la Universidad Trilce.
Estos tres empresarios vivían más cerca de Miraflores y Monterrico que de Lima norte, pero no dejaban de mirarla. El furor del Megaplaza los llevó hasta la zona y decidieron invertir.
Hicieron su estudio de mercado y elaboraron por tres años su propuesta educativa. "La oferta que existía era de colegios preuniversitarios, pero no enfocados en el desarrollo humano", explica Jorge Ysuski, uno de los socios y el gerente del colegio San Felipe Neri.
Construyeron un local con patios iluminados y aulas equipadas. Abrieron en el 2006 y tuvieron 130 alumnos, pero el 'boca a boca' ha hecho que este año se matriculen más de 330 niños.
Invirtieron US$600.000 para el primer local y abonarán otro tanto para un segundo colegio también en Los Olivos, y una cifra similar para entrar al cono este, todo en el 2008. Su proyección es tener 20 colegios de hasta 500 alumnos en zonas emergentes de Lima al 2010.
"Esta es una apuesta a largo plazo. Nosotros hablaremos de rentabilidad recién en cuatro o cinco años, hasta entonces, todo será inversión. Creemos que esto va a funcionar porque los padres están dispuestos a pagar los S/.210 mensuales por una educación bilingüe, del mismo nivel que cualquier colegio privado de Surco", agrega Yzuski.
El padre y el abuelo de Constanza Briceño eran maestros allá en Chacas, Áncash. Ella "cómo no", también lo es. Hace 25 años, cansada de ejercer el magisterio en el sector público, se juntó con otros 14 profesores para comprar un terreno en Los Olivos. No había todavía casas en la zona, pero ellos pagaron --de sus bolsillos-- US$22.000. El proyecto se llamaba Baden Powell, por el fundador de los Boy Scouts, y comenzó a funcionar con una sola planta en 1988. Fue creciendo a paso lento pero seguro, y a pesar de que la recesión golpeó los bolsillos de los padres de familia, el impacto para el colegio no se sintió hasta el 2003, cuando la cadena de colegios preuniversitarios Trilce instaló un local a tres cuadras.
Preocupada, Constanza --ya directora del plantel-- le comentó a su hijo, un leonciopradino, economista de la PUCP que trabaja en la banca londindense, que temía los efectos de la competencia. Tras un estudio del potencial que ofrecía el negocio --por la diferenciación en cuanto al nivel educativo-- el Baden Powell fue convertido en un holding que tiene hoy, además, una empresa inmobiliaria. El hijo, accionista mayoritario del holding, hizo un aumento de capital de S/.420.000 para construir otro local y equipar el plantel. Las cuentas en el 2006 pasaron de rojo a azul y las estimaciones de los socios apuntan a una facturación de S/.2 millones en el 2008 --con los mismos S/.180 mensuales que cobran hoy--, triplicar el alumnado en cuatro años y la cotización de sus acciones en la Bolsa de Valores para el 2012.
"Tú eres un fabricante de deudas", le dice su mujer, pero él no piensa dejar sus colegios. Hace 23 años que Miguel Ángel Palomino vive en Comas. Era administrador de una academia preuniversitaria cuando, 15 años atrás, sus hijas llegaron de clases a quejarse porque les enseñaban lo mismo que el año anterior. Así decidió hacer su propio colegio. "No fue fácil, tuve que salirme de mi casa en El Álamo para poder usarla como colegio", explica Palomino.
El colegio San Ignacio de El Álamo comenzó a crecer y buscaron un segundo local. Los bancos se rieron de él cuando pidió un préstamo para comprarlo, así que lo tuvo que alquilar y construir con los ladrillos que la ferretería vecina le daba a crédito.
Su labor de organizador de competencias interescolares en las academias para las que trabajaba paralelamente le sirvió de trabajo de campo para conocer lo que buscaban los padres de familia, y fue así como optó por cultivar su mejor gancho publicitario: los primeros puestos en las universidades.
Con 11 locales, Palomino tiene hoy dos clases con los alumnos más brillantes a los que prepara sin cobrarles los S/.180 de mensualidad, para que luego ingresen en los primeros puestos.
Si bien no pierde dinero, ha tenido que usar sus locales como escuelas para adultos para que el negocio sea rentable, y aún no puede contar con locales propios y de mejor infraestructura, por eso busca socios que puedan reflotarlos.
Desde un punto de vista sociológico un análisis clásico basado en una escala de necesidades muestra lo que está pasando en Lima norte, a diferencia de otras zonas: En un primer nivel están las necesidades básicas como alimentación, salud o vestido, que fue lo primero que aseguraron los pobladores de Lima norte; en un segundo nivel se encuentra la seguridad, cuyo elemento central es la vivienda y es precisamente a los ladrillos a donde ha estado destinado el ingreso de la zona en los últimos 20 años; y hoy, cuando ya terminaron de construir, pasan al tercer elemento: la integración social, cuya vía más directa es la educación. El producto de esto va a reflejarse precisamente en la integración del Cono norte con el resto de Lima y en el paso al cuarto nivel, basado en la búsqueda de respeto y autoridad, cuyo camino natural es la instalación de universidades de primer nivel en la zona.
Desde un análisis de negocio, se puede hablar de una evolución diferente. Según el educador Hugo Díaz, a comienzos de los 90 los padres llevaban a sus hijos a colegios particulares cercanos a sus centros de trabajo, fuera del cono norte. Sin embargo, con la Ley de Incentivos de Educación Particular, dada por Fujimori, y con la sobreoferta de maestros, comenzó la moda de convertir sala y comedor en salones de enseñanza, el colegio es visto como PYME, y hasta los dueños de hostales se animan a poner colegios. Así, la calidad dejaba mucho que desear. Era el 2000 y las academias preuniversitarias, que tras un período de furor veían cómo el examen de ingreso se volvía cada vez menos exigente y el alumnado disminuía, decidieron probar suerte con los colegios. La acogida de los colegios preuniversitarios fue instantánea en Lince, Jesús María o Santa Beatriz, por lo que pronto Trilce, Pamer o Saco Oliveros cambiaban el cartel de academia por el de colegio y buscaban nuevos horizontes.
Pero su llegada a Lima norte fue en calidad de prueba, alquilando casas y acondicionándolas como colegios, pues nada les aseguraba que los distritos emergentes tuvieran la capacidad y la constancia para mantener un alumnado que hiciera el negocio rentable.
Sin embargo, Lima norte parece haber pasado el examen, puesto que cadenas, como Trilce o Pamer, ya están invirtiendo en grandes infraestructuras. No solo eso, nuevas empresas educativas, con propuestas de alta calidad, prefieren comenzar por el cono norte y los colegios tradicionales del lugar se han visto obligados a ponerse a la altura. Incluso el Nido Casuarinas, propio del segmento A, ha abierto ya su local en Los Olivos.
El seguidor natural de esta tendencia, según coinciden Arellano y Díaz, es el cono sur; los distritos de San Juan de Miraflores y Villa el Salvador.
Y aunque siguen existiendo los colegios mal acondicionados, los que alquilan las carpetas para el día de la inspección y enseñan dos veces lo mismo, y los que están en medio de un hostal y una peluquería, al menos ya existe en Lima norte una oferta --a un precio razonable, en su propio distrito y con sus propios vecinos-- de una buena educación, que con el tiempo eliminará los cercos imaginarios --y los reales-- que dividen Lima.
El Consejo Nacional de Educación y el Instituto Peruano de Pedagogía, además de los expertos consultados critican que los colegios preuniversitarios, al priorizar las matemáticas o el razonamiento verbal para el examen de ingreso, eliminan la formación integral y hasta cursos, como educación física, religión, tutoría o ciencias sociales.









