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domingo, 07 de mayo de 2006
Esquemas de jornada laboral más flexibles, como la semana de trabajo concentrada y el tiempo parcial, empiezan a ganar terreno. En el Perú los nuevos contratos asimilan estos cambios pero la carencia de inspecciones no garantiza que leyes y convenios se cumplan.

¿Es la jornada de ocho horas un verdadero referente del tiempo que permanece un trabajador en su centro de labor o se ha convertido simplemente en una efemérides del 1 de mayo?

Hace un mes, el Ministerio de Trabajo aprobó una norma para fiscalizar la jornada de trabajo, con marcación de horario de entrada y salida. Con esta medida, se buscaba medir el cumplimiento del período laboral fijado por ley y también del tiempo de descanso y refrigerio.

Pero este sistema deja muchas preguntas circulando. ¿Es útil solo para el sector formal, que representa el 40% de la actividad empresarial del país? ¿Cómo se vigilará su cumplimiento a partir del 6 de mayo, si no hay un cuerpo de inspección laboral? Y, ¿cómo vigilar el período de descanso si no existe una legislación específica para ese tema en el Perú?

"El derecho al descanso es uno de los grandes vacíos de nuestra legislación", indica el laboralista Jorge Toyama. Y pone un ejemplo: si un trabajador, dentro de su jornada diaria permanece en su centro de labor hasta la medianoche, al día siguiente tendrá que volver a primera hora de la mañana, porque ninguna norma lo ampara, salvo su relación con el empleador. Bastaría este ejemplo para dudar del sistema implantado por el ministerio.

CAMBIANDO LA JORNADA
Pero esta es solo una arista del problema. En el Perú, la legislación sobre horario de trabajo (DS 007-2002) establece que la jornada ordinaria máxima es de 8 horas diarias o 48 semanales.

En este caso, la "o" de la proposición anterior permite a los empleadores establecer períodos de 48 horas semanales, con jornadas "atípicas" donde se superan las 8 horas. "Esta modalidad viene haciéndose extensiva en los contratos nuevos", refiere Toyama. Se trata, al fin y al cabo, de una flexibilización de lo que se entiende por jornada y que responde a objetivos de productividad impuestos por una economía global, explica.

Es, en lo efectivo, una tendencia mundial que el Perú está siguiendo con algo de retraso. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en los últimos veinte años casi sesenta países miembros han modificado sus esquemas sobre jornada laboral. 46 de estos países han reducido sus jornadas de trabajo por semana. El objetivo de esta reducción de la jornada es aumentar la rotación de trabajadores para insertarlos en las cadenas de producción y aumentar la productividad.

¿Qué dice respecto a estos cambios la OIT? "El sistema basado en horarios de trabajo fijo (...) en la reglamentación del tiempo de trabajo entra en conflicto con la demanda actual de flexibilidad", señala el documento Horas de Trabajo: ¿De Lo Real a Lo Flexible?, del organismo.

El informe reconoce que en un número de países cada vez mayor la jornada laboral no se rige por leyes o reglamentos, sino por convenios colectivos o laudos o acuerdos individuales. Y admite el aumento de modalidades como la semana de trabajo concentrada (que ya mencionamos), el trabajo a tiempo parcial, la duración variable de turnos diarios, el horario flexible y el trabajo sobre llamada (no contemplado en las legislaciones). Se trata, pues, de una tendencia mundial.

¿ES POSIBLE UN CAMBIO?
En el Perú, el cambio del sistema de producción hacia un modelo exportador, que ha obtenido éxito en los sectores agrícola y textil, logró insertar a un importante sector de la PEA. El Ministerio de Trabajo intentó el año pasado iniciar un piloto de inspección laboral en la agroindustria, para medir el cumplimiento de la legislación laboral y la aplicación de esquemas más flexibles de contratación. Pero este piloto nunca voló, por falta de recursos económicos.

Para el laboralista Ricardo Herrera, con un sistema de inspección laboral inoperante "la vigilancia de las normas laborales es letra muerta". De esta manera, tampoco habría garantías para que, en un esquema más flexible, no se obligue al trabajador a jornadas interminables.

¿Soluciones? Toyama señala que desde buen tiempo atrás se menciona la idea de premiar las buenas prácticas laborales de las empresas eficientes, lo que ayudaría a formalizar a las MYPE. Pero ninguna alternativa será viable, recuerda el investigador de Grade Miguel Jaramillo, sin un sistema de inspección en operaciones, ni mucho menos con una asignación anual del sector Trabajo que no sobrepasa el 0,5% del presupuesto nacional.

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