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lunes, 09 de mayo de 2005
Como escandalosa fue calificada la decisión del gobierno de incorporar 36 partidas arancelarias vinculadas al sector textil en la lista de productos sensibles al fraude. Una salida facilista a la incapacidad que tuvo el gobierno de defender las salvaguardías. Pero, más allá de los cuestionamientos a la decisión del gobierno, ¿debería protegerse a la industria textil local?

Hace pocos días se reunieron en Francia el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, y el ministro de Industria y Comercio chino, Bo Xilai. ¿La razón? El aumento de la importación de textiles chinos está creando problemas en la industria europea y los países afectados reclaman medidas de protección. Es más, una semana antes de la reunión de Mandelson y Xilai, faltó poco para que se impusieran salvaguardias a algunos productos chinos (como ya lo ha hecho EE.UU.), pero se aprobó iniciar un seguimiento a las importaciones chinas para analizar qué medidas tomar. La investigación culminaría en junio, aunque España, Italia, Francia y Grecia han solicitado formalmente que se agilice.

"La situación es muy grave", sostuvo ante la prensa de su país el ministro de Industria francés, Patrick Devedjian. Y no es para menos, los precios de algunos productos como los jerseys han caído hasta en 47% y la participación de los productos chinos se ha duplicado en categorías como brasieres y ropa interior masculina. Las proyecciones indican que este año se perderían 7.000 puestos de trabajo en Francia, que posee la tercera mayor industria textil de Europa, por la eliminación del sistema de cuotas. Y es por ello que no les importa mucho el argumento del gobierno chino de que las medidas que se están impulsando en EE.UU. y Europa "vulneran los principios de libre comercio".

Además, EE.UU. y la Unión Europea saben que no imponerle barreras a los textiles chinos no solo ocasionará pérdidas de puestos laborales en sus industrias, sino en la de los países que hoy les proveen de textiles (básicamente África, Asia y Latinoamérica). Y ello se traduciría luego en una invasión de inmigrantes desesperados por un puesto de trabajo. "Prepárense para acogerlos en Europa", advirtió un empresario marroquí a un reportero del diario El País. Y no es para menos, en ese país, que ha visto reducirse en 22% sus exportaciones textiles desde enero, hay 700.000 personas ligadas al sector.

Pero China no solo representa una amenaza de corto plazo sobre las plantaciones algodoneras de los estados del sur de EE.UU. y los países con industria textilera de la Unión Europea. De no encontrar una defensa oportuna contra la invasión de sus textiles, existe el riesgo de ir cediendo paulatinamente otros mercados.

En ese sentido, es claro para EE.UU. y la Unión Europea que China no solo tiene mayores ventajas en textiles. Prueba de ello es que el rubro de exportación de mayor crecimiento de China ha sido el de productos de alta tecnología, que representaron el 29% de sus exportaciones totales. Hasta hace dos años, los chinos importaban de EE.UU. más productos de alta tecnología que los que le exportaban, pero la situación se ha invertido y parece que permanecerá así. Por eso, algunos congresistas de EE.UU. están viendo la posibilidad de aumentar los aranceles a las importaciones de China.

Eso no es todo. Hoy los agricultores peruanos están orgullosos de sus exportaciones de espárragos, pero China ya ha empezado a sembrarlos. Y si bien no fueron de buena calidad sus primeras cosechas (empezó hace cuatro años), está invirtiendo fuerte en tecnología y en algunos años podría superar a cualquiera en precios.

La idea no es crear alarma, pero hay que dejar de pensar en el corto plazo. Si EE.UU. y la Unión Europea, paradigmas del libre mercado, no temen al uso de mecanismos de protección, siempre y cuando sean sustentados, por qué el Perú debería temerles, sobre todo si se demuestra que hay perjuicio a la industria local. Pero este gobierno parece incapaz de defender técnicamente su posición ante una oposición bien articulada.

En 1974, los países industrializados fijaron un periodo de 30 años de protección de su industria textil antes de abrirla a la libre competencia. Y es por ello que restringieron la libre importación de productos textiles a través de un sistema de cuotas por país o región. Dicho sistema venció el 1 de enero de este año y desde ese momento China ha tenido libre acceso a EE.UU. y Europa.

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