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miércoles, 27 de abril de 2005
China dispara las ganancias de las empresas siderúrgicas

Toyota Motor Corp., una compañía que se enorgullece de permanecer fiel a sus principios, está dando señales confusas sobre cómo responderá a los problemas de sus rivales en Estados Unidos, lo que indica que las dificultades de Detroit plantean un complejo reto a la industria automotriz japonesa.

El lunes, el presidente del directorio de Toyota Hiroshi Okuda dijo a los reporteros que la industria automotriz japonesa necesitaba dar a Detroit "tiempo y espacio para recobrar el aliento". Incluso sugirió que Toyota podría subir los precios de los autos vendidos en EE.UU. para flexibilizar las presiones competitivas sobre General Motors y Ford. Las dos empresas anunciaron recientemente un descenso en la rentabilidad y en la participación de mercado. General Motors dijo la semana pasada que tuvo una pérdida de US$1.100 millones en el primer trimestre que terminó en marzo, su mayor pérdida trimestral en más de una década.

No obstante, el martes los voceros de Toyota negaban que se hubiera tomado alguna medida favorable a sus rivales estadounidenses. "Los mercados determinan los precios", dijo el vocero de Toyota Tomomi Imai en Tokio. "No estamos pensando en cambiar los precios para ayudar a la industria automotriz de EE.UU.".

Okuda hablaba como director del Nippon Keidanren, un grupo de presión corporativo que preside. Pero en los mensajes confusos de Toyota sobresale un hecho simple: la crisis de la industria automotriz de EE.UU. no necesariamente es buena para los fabricantes de autos japoneses.

Detroit atraviesa tiempos difíciles, en parte por la invasión de autos extranjeros de calidad. Ningún rival ha tenido mas éxito en seducir a los compradores de autos de EE.UU. que Japón, y ninguna empresa ha sabido aprovecharse de los problemas de Detroit mejor que Toyota, empresa que además está reforzando su capacidad de producción en todo EE.UU.

Pero el éxito de Toyota, como el de Honda Motor Corp. y el de Nissan Motor Co., a pesar de ser una bendición tiene sus riesgos. La industria automotriz de Japón depende en gran medida de EE.UU. Cada fabricante de autos obtiene entre el 60% y 70% de sus ganancias de las ventas en Norteamérica. En privado, los funcionarios de la industria japonesa dicen que temen que los problemas de Detroit desemboquen en un contragolpe por parte de los consumidores y políticos estadounidenses, o hasta conducir a los fabricantes de autos japoneses a una debilitante guerra de precios.

Por ello las fabricantes de autos japonesas están buscando responder de forma correcta, dicen ejecutivos de la industria japonesa. Están preocupados de que un paso equivocado pueda revivir las tensiones del pasado. "Todavía recuerdan a los estadounidenses golpeando los capós de los autos japoneses", dijo Hirotake Takeuchi, director de la escuela de estrategia corporativa internacional de Hitotsubashi University. Advierte que el "nacionalismo [estadounidense] puede elevarse, y culpar a los japoneses por las dificultades de los fabricantes de autos de EE.UU.".

Japón ya está manejando tensiones con otro de sus grandes socios comerciales, China, que ha tenido que lidiar con manifestantes anti-Japón tirándole huevos a las misiones diplomáticas japonesas y a los autos de marca japonesa debido a acusaciones de que Japón maquilló la historia de sus guerras en los textos escolares. "No hay garantía de que lo que vimos en China no suceda en EE.UU.", dijo el profesor Takeuchi.

Muy pocos fabricantes de autos parecen estar tan preocupados como Okuda. Los funcionarios de Nissan se negaron a comentar sobre sus estrategias de precios. Honda dijo que los precios deberían ser dictados por el mercado. Pero seguir al mercado, cuando los dos principales jugadores domésticos están con problemas, tiene riesgos considerables. Al perder cuota de mercado, Ford y GM, han comenzado a ofrecerle "incentivos" a sus clientes, un tipo de descuento usado por Detroit y que es una reducción de precios para evitar que se apilen los inventarios.

Debido al recorte de precios de GM y Ford, los japoneses se han visto forzados a responder con recortes similares, lo que ha llevado a los analistas a cuestionarse si los fabricantes japoneses han sido arrastrados hacia una guerra de precios con las compañías estadounidenses. Okuda comentó el lunes que el alza de los precios puede frenar las ventas pero significaría mayores ganancias por cada automóvil, y como resultado mejorar la rentabilidad.

Entonces la noción de elevar los precios no es necesariamente un paso altruista por un socio comercial comprensivo. Algunos funcionarios de la industria en Tokyo consideraron que el comentario de Okuda el lunes es el primero de una larga serie de movimientos preventivos para mantener la tensión a un nivel bajo. Todos los fabricantes de autos japoneses han estado llevando su producción a EE.UU. en años recientes, empleando a trabajadores estadounidenses y comprando cada vez más repuestos de los proveedores de EE.UU., en particular en el sur donde el patriotismo es muy fuerte.

Toyota, por ejemplo, está construyendo una nueva planta de US$800 millones para la construcción de camionetas pick-up en San Antonio, Texas. Ha pagado por poner su nombre en un estadio de baloncesto en Houston, hogar de los Houston Rockets de la National Basketball Association. Y ha tenido una campaña en televisión y prensa en Texas en la que dice que sus autos están "hechos en EE.UU".


Por Jathon Sapsford
The Wall Street Journal

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